Capacitaciones virtuales, reales y prácticas

Mi nombre es Mauro, tengo 30 años y soy uno de los tan llamado «millennials» que vivió la transferencia de la educación analógica a la educación virtual.

Hasta hace poco, siempre que hablaba de educación virtual se me venía a la cabeza un compendio de información interminable, videos largos, teóricos e incluso monótonos que no me generan más que una letra fría, sin emoción y hasta alejado de un vínculo que me motivara a aprender.

Ahora, ¿Por qué hasta hace poco?

Días atrás tuve la posibilidad de vivenciar, mediante mi teléfono la clase que Nicolás Casalánguida dio en su curso online de «Herramientas de Alto Rendimiento en el Entrenador de Básquetbol» con jugadores de Atenas y en la cancha donde entrena dicho equipo.

La clase se presentaba como una idea atractiva y varios condimentos interesantes, ya que la idea era realizar ejercicios o drills con jugadores, mientras iba corrigiendo y contestando consultas de los alumnos virtuales como yo, que se encontraban del otro lado de la pantalla…

A pesar de ello, seguía con algunas dudas frente a la propuesta.

Comenzamos la clase y ya a los pocos minutos, empecé a notar en mi una cierta concentración mayor a la habitual, que incluso me abstraía de mi sillón en el living de mi casa y me llevaba directamente a la cancha.

No voy a negar que a veces se me complicaba entender algunos conceptos que trabajaba con los jugadores y que me daba vergüenza escribirlo en el chat como pregunta, pero la situación cambió cuando Diego Lifschitz, docente que también se encontraba viendo la clase y apoyando a Nicolás ante cualquier duda que hubiera de los alumnos, dejó plasmada una pregunta que permitió que otro alumno también se anime a consultar. En este momento sentí que, a pesar de seguir sentado en mi sillón, estaba asistiendo a una clase ¡tal cual estuviera en una butaca de la cancha!

Llegando a mediados de la clase, comencé a escuchar con menor volumen al docente y ya me invadía esa sensación de «bueno, no podía salir tan bien», pero otro compañero expresó esto mismo y automáticamente se escucha a un asistente que le acerca un micrófono al docente. La sorpresa de esto es que desde ese momento no solo se volvió a escuchar bien sino que aún se escuchaba mejor, ahora escuchaba sus comentarios con el resto de su staff de asistentes, comentarios por lo bajo que le decía a un jugador frente a una situación y hasta la respuesta de algunos jugadores.

Terminando la clase, el docente explicó directamente con una pizarra situaciones que vieron desde la cancha y que consultaban los alumnos e iba revisando un asistente, mientras un tercer hacía los planos de cámara y dejaban entrever toda la logística dispuesta para realizar esta clase, para que yo desde mi lugar, en mi casa, pudiera estar presente revisando conceptos, aplicando ejercicios y conversando con el docente, como si él estuviera en el living de mi casa.

En resumen, una clase de 90 minutos, un lugar que es mi casa, una pasión que es mi deporte y un conjunto de personas que se pusieron a mi disposición, hicieron que no quisiera más hacer una capacitación que no sea online, con mis horarios, viéndolo desde mi celular o mi computadora, hablando directamente con el docente y viéndolo directamente en el campo de juego.

Casualidad o no, Online Education Center centra sus bases de capacitación en estos pilares como la flexibilidad, trato personalizado y directo con el docente y la posibilidad de ver y rever desde múltiples dispositivos. El tiempo invertido en una clase online, no es solo un momento más sino una verdadera experiencia de aprendizaje.

Desde hoy, un curso online no es solo un curso, sino una forma más eficiente para acercarme a lo que realmente quiero ser y quien me quiero convertir, disponible en mi tiempo y en el país que quiera.